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¿Es Brasil el Próximo Hub Global de Contenidos?
Con una escala de consumo robusta, un creciente interés institucional y una relevancia internacional en expansión, el sector audiovisual brasileño entra en una fase clave que definirá la sostenibilidad de este impulso.El CEO de The Creators Bridge, Felipe Herz Boclin, compartió con Prensario una actualización de sus análisis previos e incorpora datos recientes recopilados durante el mercado Content Americas para ofrecer una perspectiva sobre la evolución del sector a comienzos de 2026. El análisis profundiza en la situación actual de la industria audiovisual de Brasil.
¿Es Brasil el próximo hub global de contenidos?
Esa fue la pregunta central que me llevó a escribir un artículo en el primer semestre de 2022, cuando la integración más profunda del país en la economía global de contenidos ya se presentaba como una inevitabilidad de mercado. En aquel momento, la conclusión fue cautelosamente optimista: siempre que Brasil lograra evitar una gran crisis político-institucional, las propias fuerzas del mercado empujarían a la industria hacia la internacionalización.
Tres años después, la pregunta dejó de ser especulativa. El audiovisual brasileño entra en 2026 con claros indicadores de impulso sistémico. La cuestión ahora no es si Brasil puede participar en la industria global, sino si será capaz de sostener, escalar y profesionalizar ese papel a lo largo del tiempo.
Este movimiento está respaldado por un consumo a gran escala y por un ecosistema local de producción en proceso de maduración. Según el Global Entertainment & Media Outlook 2025–2029 de PwC, los ingresos de medios y entretenimiento en Brasil crecieron un 6,7 % en 2025, por encima de la media global. Las proyecciones apuntan a un crecimiento sostenido, superior al promedio mundial, durante el resto de la década.
Desde el punto de vista de la demanda, Brasil ya opera a escala industrial. La penetración de internet se sitúa entre el 86 % y el 88 % de la población, los televisores conectados alcanzan aproximadamente el 72 % de los hogares, y el consumo diario de video supera las cinco horas y media solo en TVs y CTVs, según datos de Kantar Media.
Más de 60 plataformas OTT operan actualmente en el país, entre modelos SVOD, AVOD y FAST. Brasil concentra cerca de un tercio de todos los suscriptores de SVOD de América Latina y debería superar los 40 millones de suscripciones para 2027, consolidándose como un mercado estratégico para las plataformas globales.
Aunque el ciclo de la Peak TV haya llegado a su fin, dejó dinámicas que siguen plenamente activas. Más allá del volumen, la expansión de las plataformas globales transformó de forma permanente la manera en que se desarrolla el contenido brasileño. A medida que el público consume narrativas procedentes de distintas partes del mundo, las producciones nacionales evolucionan, manteniéndose locales en identidad, pero cada vez más ambiciosas e internacionales en lenguaje, formato y posicionamiento.
El contenido en lengua portuguesa aún se encuentra lejos del nivel de penetración global alcanzado por el español o el coreano. Aun así, títulos brasileños aparecen con frecuencia entre los contenidos no anglófonos más vistos en Netflix, lo que revela caminos concretos de afinidad con el consumo internacional.
Del lado de la oferta, el ecosistema también se ha transformado. Las productoras independientes han escalado sus operaciones, la cadena de servicios de alto nivel se ha expandido y se observa una renovación significativa del talento creativo y ejecutivo en toda la cadena audiovisual.
En la reciente edición de Content Americas, celebrada en Miami, estas señales se hicieron aún más evidentes. Las productoras brasileñas reforzaron su presencia como actores influyentes en América Latina, figurando entre las más competitivas en los principales foros y espacios de coproducción de la industria.
La coproducción internacional constituye uno de los indicadores más objetivos de esta transformación en Brasil. Datos públicos de la Ancine (Agencia Nacional de Cine) muestran que las solicitudes de coproducción crecieron más de un 150 % entre 2023 y 2025. En el mismo período, el Fondo Sectorial del Audiovisual (FSA) invirtió aproximadamente R$ 258 millones en coproducciones internacionales, viabilizando nuevas alianzas estratégicas y reposicionando a Brasil en el mapa global de asociaciones.
Este impulso ha comenzado a ser respaldado por políticas públicas. En los últimos tres años, el audiovisual se convirtió en una prioridad en las agendas federal, estatal y municipal. El FSA destinó R$ 653,7 millones a la producción en 2023 y anunció otros R$ 446,8 millones en proyectos aprobados. En 2024, las inversiones superaron los R$ 600 millones, totalizando más de R$ 2,6 mil millones en recursos comprometidos.
A nivel regional, São Paulo anunció un paquete récord de R$ 143,7 millones para 2025, mientras que Río de Janeiro implementó un programa de R$ 131 millones a través de RioFilme. Otras ciudades, como Salvador y Porto Alegre, avanzan en la creación de polos de estudios y film commissions, señalando un proceso consistente de descentralización productiva.
En el ámbito estratégico de atracción, Embratur (Agencia Brasileña de Promoción Internacional del Turismo) incorporó el audiovisual a la estrategia de marca país, posicionando a Brasil no solo como destino de rodaje, sino también como socio creativo en el mercado global.
Es notable el creciente interés institucional de Brasil, aunque aún en un proceso de evolución hacia la unificación y coordinación de sus distintas iniciativas, un desafío que pasa inevitablemente por el fortalecimiento de agencias de fomento sólidas y bien estructuradas. No es casual que ejecutivos brasileños citen con frecuencia el caso de Corea del Sur como referencia de éxito internacional, un modelo estrechamente vinculado a la actuación de la KOCCA. A través de la agencia, el país estructuró el audiovisual como una política industrial orientada a la exportación, integrando el desarrollo de propiedad intelectual, la protección de derechos, la formación de talento y una presencia permanente en los principales mercados internacionales. No se trata de un caso aislado.
Francia, mediante el CNC, consolidó un modelo que combina protección cultural, financiación sostenida y proyección internacional. España, a partir del ICAA y de incentivos regionales, transformó su industria en una plataforma atractiva para coproducciones internacionales. Turquía, por su parte, utilizó a los broadcasters como vectores estratégicos para convertir la ficción televisiva en un producto de exportación masiva. En todos los casos, la internacionalización no fue espontánea, sino el resultado de una visión de largo plazo, coordinación institucional y una lectura clara del audiovisual como industria estratégica.
Brasil reúne hoy potencial de escala, capacidad creativa y un creciente interés institucional. El desafío por delante no es creativo, sino estratégico. A medida que el país avanza en políticas de regulación y en mecanismos de protección de su industria local — como forma de retroalimentación y de garantizar visibilidad para las producciones brasileñas — el reto va más allá de la protección cultural. Convertir éxitos puntuales en una presencia global recurrente exigirá profesionales capacitados, políticas previsibles y eficientes, capital paciente y una mentalidad exportadora orientada a la creación de valor a largo plazo.
Volvemos así a la pregunta inicial: ¿es Brasil el próximo hub global de contenidos?
Los desafíos son complejos y estructurales, pero las señales son cada vez más concretas de que Brasil puede consolidarse, en el corto plazo, como un player altamente relevante, con capacidad para atraer capital, generar riqueza y aportar valor a la industria global. La respuesta dependerá de la capacidad del país para estructurarse como un mercado moderno, institucionalizar este impulso mediante agencias sólidas que actúen como plataformas estratégicas con una visión industrial clara, y fortalecer su ecosistema local en equilibrio con la competitividad internacional.
LC