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Juan José Campanella: el compromiso como motor y el cine como experiencia
Este 19 de febrero, “Parque Lezama” llega a algunos cines argentinos y desde el 6 de marzo estará disponible en Netflix. Durante Content Américas 2026, Campanella habló sobre la adaptación que lo obsesiona desde 1985 y su mirada sin filtro sobre el presente de la industria.En Miami, frente a periodistas y ejecutivos, Juan José Campanella no presentó simplemente una película: presentó una historia que lo acompaña desde hace más de cuarenta años. Parque Lezama nació, en realidad, en 1985, cuando era estudiante en Nueva York y vio en Broadway I’m Not Rappaport, de Herb Gardner.
‘Sentí que eso era Parque Lezama’, recordó. Volvió a verla tres veces. Desde entonces quiso adaptarla a la Argentina. No fue sencillo: derechos, cambios culturales, tiempos. La obra terminó encontrando primero su versión teatral (once años en cartel) y ahora su forma definitiva en cine.
Protagonizada por Luis Brandoni y Eduardo Blanco, la película retoma el vínculo entre dos hombres mayores que discuten, se provocan y se necesitan en un banco del parque. Pero Campanella insiste en que el corazón del relato no es la vejez.
‘La edad le da urgencia, pero el conflicto es compromiso versus conformismo’, explicó. Para reforzar esa idea, decidió equilibrar el peso de ambos personajes y convertir ese dilema (más existencial que político) en el verdadero motor dramático.
Después de ver la obra más de 300 veces desde el fondo de la sala, el director descubrió algo cuando se sentó entre el público: el primer plano. ‘En teatro uno mira al que habla. El cine te permite mirar al que escucha’, dijo. Esa posibilidad de capturar la emoción en el rostro fue, según contó, la llave para justificar la adaptación. Lejos de temer que la película quedara “teatral”, defendió la decisión de filmar el parque como un espacio abierto, con profundidad y vida, y de trabajar con una curva energética que sostenga el pulso del relato.
Aunque la película tendrá vida global en Netflix, Campanella fue claro: ‘La filmé como cine’. Cree que la historia puede viajar bien en castellano (la experiencia en España, donde la obra estuvo cinco meses en cartel, lo respalda) y confía en la universalidad del conflicto. ‘Se reían y se emocionaban en los mismos lugares’, señaló.
En el roundtable también hubo espacio para opiniones menos diplomáticas. Sobre los formatos verticales fue tajante: los considera “antinaturales”. Y respecto de la inteligencia artificial, lejos del alarmismo, adoptó una mirada pragmática. La define como una herramienta poderosa, capaz de procesar información a gran velocidad, pero incapaz (al menos por ahora) de reemplazar la imaginación. Incluso contó que, por curiosidad, le pidió una crítica del guion y la IA detectó en segundos su parentesco con la obra original. ‘Eso sí me sorprendió’, admitió.
En paralelo, trabaja en la adaptación animada de Mafalda, un proyecto que asume con entusiasmo y responsabilidad. Pero si algo dejó claro en Content Américas 2026 es que su búsqueda no cambió: no le interesa “contar” historias, sino hacer que el espectador las viva. En Parque Lezama, esa premisa vuelve a sentarse en un banco para recordarnos que, aun cuando el tiempo apremia, siempre estamos a tiempo de elegir de qué lado pararnos.
Francisco Ferreyra
Créditos fotos: Marcos Ludevid